24/09/2009 - Redacción / JG
Acaban de celebrarse en la localidad helvética de Mendrisio los Campeonatos Mundiales de la especialidad de contrarreloj, tanto en lo que se refiere al campo masculino como al femenino. No hay duda de que se trata una modalidad terriblemente exigente que no admite componendas. La lucha es cara al viento y cada cuál debe apurar al máximo el esfuerzo individual, sin admisión de treguas o algo que se parezca. Hay que ir a tope. Cancellara y Armstrong, respectivamente, se llevaron las coronas del éxito, los codiciados títulos aspirados por tantos y conquistados por pocos.
En el terreno reservado a las féminas, resultó ganadora la estadounidense Kristin Armstrong (36 años), tal como se ha escrito en estas mismas páginas, una victoria que ya le dio gloria hará tres años, en Salzburgo. Tampoco su nombre era una novedad. Cabe recordar su triunfo en los Juegos Olímpicos de Pekín (2008), en lucha contra las manecillas del reloj. Fue medalla de plata en Stuttgart (2007) en la misma modalidad, lo suyo. Es una veterana del pedal que inició sus primeros pasos dentro del deporte destacando en la especialidad de Triatlón, con una facilidad innata en el mundo acuático. Pero al fin le acabó de conquistar en exclusiva la bicicleta. Nuestras representantes, eran dos, poco se mostraron en Mendrisio. La vizcaína Iturriaga (25ª clasificada) y la catalana Gálvez (38ª) no lograron lo que se esperaba de ellas. Nos viene el recuerdo de la ciclista Joane Somarriba, aquella estrella orgullo de nuestro pasado no tan lejano todavía. Sus actuaciones fueron otra cosa muy distinta.
En la categoría de hombres, otro capítulo, el pronóstico se cumplió a rajatabla. Los especialistas consumados del cronómetro, el único juez de la contienda, impusieron su ley, destacando, una vez más, la figura de Fabian Cancellara, este suizo que de tiempo a esta parte no encuentra rival, con la excepción de Alberto Contador. Rompió todos los moldes frente al sueco Gustav Larsson, tomándole casi un minuto y medio de ventaja; mientras que el germano Tony Martin y el americano Tom Zirbel, los siguientes, ya no inquietaron en lo más mínimo aquel primer puesto inamovible, conseguido en su país y ante sus paisanos, llenos de entusiasmo y hasta de patriotismo.
Los españoles participantes, también fueron dos, Iván Gutiérrez y Juan José Cobo, puntuaron en 35º y 42º lugar, respectivamente. Es una dolida decepción, especialmente a favor de Gutiérrez, que posee un buen historial en esta modalidad que no perdona a nadie. Ponemos un poco con nostalgia con lo que ha sucedido, cuando ponemos sobre el tapete la actuación brillante que tuvo en el año 2005, en donde se hizo con el segundo puesto y en consecuencia con la medalla de plata, un eco no olvidado por los aficionados, festejado en Madrid y sede de los Mundiales, todo un aliciente.
Cancellara, el héroe del día, marcó un promedio de 49,8 kilómetros a la hora, una cifra colosal alcanzada en un circuito más o menos duro, con un par de repechos, que requería empujar mucho desarrollo, darle mucha fuerza a los pedales y rodar con constancia a morir, diríamos en un sentido amplio de la palabra. Es su tercer título Mundial, anotando las dos camisetas irisadas que vistió en los años 2006-07, sin omitir la medalla de oro conseguida en la Juegos Olímpicos de Pekín, en el 2008. Si hubo decepción, hemos de apuntar la del alemán Bert Grabsch, que se llevó el título el pasado año ante la sorpresa de todos, y la del canadiense Svein Tuft, segundo, que fue otra sorpresa también. Esta vez, aunque terminaron la prueba, quedaron lejos perdidos en una nebulosa, sin pena ni gloria. Son los contrastes que nos muestra el deporte. Unos días son blancos y otros días son negros.
Foto: Josu Mondelo.
Gerardo Fuster de Carulla.


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