viernes 17 de abril de 2009

Boonen cumplió el pronóstico y se impuso en la París-Roubaix


La París-Roubaix es la clásica más atractiva del calendario. Reúne una serie circunstancias que la han situado en lugar preferente: gran dureza a lo largo de su itinerario, especialmente por la inclusión de los célebres adoquinados que no perdonan a nadie y que de manera intermitente constituyen la pesadilla de los atletas del pedal, requiere una gran fortaleza física, habilidad extrema y una concienzuda concentración para poder afrontar con optimismo una prueba de tales características.

No todo el mundo, los ciclistas, están acostumbrados a soportar tantas dificultades diseminadas en la ruta que conduce a Roubaix. Basta mencionar que los conocidos empedrados suman nada menos una longitud de 53 kilómetros; es decir, representa una quinta parte de su totalidad.

En la vigilia de la carrera aparecía como favorito el belga Tom Boonen, que ya probó las mieles del triunfo, en este mismo marco, en los años 2005 y 2008. La experiencia le ha valido mucho, y esta ocasión, la más brillante, llegó en solitario en la ansiada meta, aprovechando un momento de desconcierto, por sendas caídas, en el grupo selectivo integrado por seis unidades entre las cuáles se encontraba nuestro representante, Juan Antonio Flecha, que acaparó cierta esperanza hasta sufrir un encontronazo un tanto fortuito en un viraje cerrado. Aún así, frente a estas circunstancias adversas, sin ya aspiraciones, Flecha, nacido en Argentina, pero afincado de tiempo en nuestras tierras, pudo finalizar en sexta posición, un lugar que en verdad le honra en gran manera. Se debe tomar en consideración que en la línea de salida concurrieron doce representantes de nuestro país. Pocos, demasiado pocos, por la importancia cotizada que ampara la carrera.

Centrándonos en este corredor español, de temperamento un tanto batallador, sí diremos que la París-Roubaix, esta carrera que muchos la denominan “La reina de las clásicas”, o bien comúnmente la del “Infierno del Norte”, ha sido una competición propicia a Flecha, catalán de adopción, que logró un tercer puesto, en el año 2005; un cuarto, en el 2006, y un segundo en el 2007. Se trata de un corredor corpulento, que esta vez tuvo la suerte de espaldas, pero que se identifica plenamente con la grandeza de esta prueba que inició su andadura histórica en el año 1896, con motivo de la construcción e inauguración de un velódromo de 250 metros de cuerda, asentado en la ciudad industrial de Roubaix. Se ideó, con afán propagandístico, una carrera ciclista que se iniciara en la misma París y terminara en la población de referencia. Fue a partir del año 1968, cuarenta años atrás, cuando la aludida competición tiene la costumbre de iniciar su periplo en la localidad de Compiègne, a 65 kilómetros al norte de París, en donde se erige el famoso castillo de Luis XV. Así se consiguió acortar el recorrido que consta ahora de 259 kilómetros.

No hay vuelta de hoja con el triunfo reeditado por Tom Boonen, oriundo de Mol, que llegó destacado a la meta, cosa rara en un velocista de su categoría, con 47 segundos sobre el voluntarioso italiano Filipo Pozzato (2º), otro velocista, y más de un minuto sobre el noruego Thor Hushovd (3º), un tercer velocista, y los belgas Leif Hoste (4º) y Johan Van Summerer (5º), éste un tanto desconocido en el ámbito de la bicicleta. Tuvo su día. ¿Vendrán otros? Sólo el tiempo nos lo dirá.

La victoria de Boonen, la tercera en esta prueba, supone ingresar en el círculo de los más distinguidos ciclistas del lugar. Se iguala a Octave Lapize, Gaston Rebry, Eddy Merckx, Henri Van Looy, Francesco Moser y Johan Musseeuw. Le queda subir un peldaño más para equipararse a su compatriota, Roger De Vlaeminck, que cuenta con cuatro, un dato nada despreciable en una competición de este género.

Estadísticamente hablando, hubo un belga, Raymond Impanis, que posee hasta la fecha otra buena marca. Participó en esta clásica que nos ocupa nada menos en dieciséis ocasiones. Hay un holandés, llamado Servais Knaeven, que acaba de concurrir en esta última edición y que se hizo también notar en su primera parte, el cuál ha conseguido alinearse quince veces. Lo curioso del caso es que tanto uno como otro, solamente han podido adornar su historial con una sola victoria en esta prueba de tan alto prestigio mundial.

Gerardo Fuster de Carulla.